martes, 15 de enero de 2013

2012-12-30

Una vez más el destino se trunca a su antojo y sin previo aviso. Pensábamos salir de Essaouira hoy por la mañana, pero nos hemos encontrado con que los cajeros nos dan problemas con la tarjeta, en lugar de dirhans. Causalmente, es domingo y los bancos permanecen cerrados. Tenemos un billete en euros, pero las oficinas de cambio también están de domingo.
Bien por la mañana, nos hemos acercado al puesto de zumos de naranja para, al menos, alegrar el paladar y el gusto del día  Jorge, un joven "lusentino" y su arte, esperaba a su zumo y en seguida ha reconocido nuestra procedencia. Hemos empezado a charlar y nos ha guiado a una tasca de su gusto (que ha coincidido con el nuestro) para tomar un té. El día tomaba otro color. Nos ha contado cómo se quedó él en Essaouira y nos ha aconsejado visitar esto y aquello.
Justo a las doce había quedado con un matrimonio asturiano para echar el día con ellos. Nos hemos encontrado todos en la plaza del reloj. Cosas de la vida, el hombre con el que había quedado Jorge iba a sacar dinero de un cajero, así que solo hemos tenido que pedirle que sacara de más a cambio de nuestros euros. 
Volvemos a ser ricos en Marruecos... al menos por un par de días, tres. A ver si mañana conseguimos arreglar el asunto de la tarjeta.
Por lo que respecta a nuestro fracasado plan A, hemos vuelto a repensarlo, porque al fin al cabo, no es tan desafortunado quedarse atrapado en Essaouira...

















lunes, 14 de enero de 2013

2012-12-28

Ayer por la mañana desayunamos con la calma y recogimos las mochilas para salir hacia Essaouira. El amable recepcionista nos dijo dónde coger el autobús local y nos pusimos a andar. Como aún era temprano,  decidimos no coger el taxi y seguir las instrucciones del mapa. Cosa que no fue fácil, pues en el mapa figuraban los nombres de las calles, pero en las mismas calles, no. Pero preguntando se llega a Roma, y así, dimos con la estación de autobuses, donde en los últimos quince metros, un hombre vestido de bien, apareció para decirnos que era el encargado de la estación, mientras agitaba algunos tiques en la mano. Nos guió hasta la taquilla sin nuestro consentimiento, y nos dijo el precio. Nos miramos y nos dimos la vuelta. "¡Anda ya! Váyase con su cuento chino a otra parte..." nos hubiera gustado decirle. 
El joven de la taquilla se percató de lo ocurrido y le dijo algo al hombre, que se marchó en seguida. Nos llamó y con una sonrisa amable y sincera nos dijo cuál era la tarifa real. Pagamos y fuimos a la dársena que nos correspondía. En diez minutos el bus partiría.
Essaouira, ciudad costera y digna de los comentarios positivos que sobre ella he escuchado a otras personas. Eso sí, está llena de turistas que vienen a disfrutar del clima templado y la playita, todo a un precio muy asequible. Un montón de ellos, surfistas que no dudan en meterse al fresco mar de estos lares. Con neopreno, claro. La playa es larga hasta decir basta, así que los paseos acaban donde uno quiere que acaben, y aún se podría seguir andando.













domingo, 13 de enero de 2013

2012-12-26

A las ocho pasadas el tren nos ha abierto sus puertas sobre el suelo de Marrakech. A pesar de ser temprano, las calles ya rebosaban de gentes, coches y caballos. Hemos preguntado a otro guiri si sabía cómo  llegar caminando hasta la medina, y nos lo ha explicado claramente. Teníamos unos tres kilómetros hasta allí, pero mucho tiempo por delante.
Cuando por fin hemos divisado el minaret La Koutoubia hemos sonreído por haberlo encontrado, habiendo cometido tan solo un traspiés. Después, hemos entrado en la famosa plaza, generalmente abarrotada pero insólitamente tranquila, Jamma el Fna. Le hemos preguntado a un chico de los puestos de extraordinario zumo de naranja dónde podríamos encontrar hoteles baratillos, y nos ha indicado afable el camino, levantando la mano hacia la dirección que debíamos tomar. 
Hemos cruzado una de tantas puertas que abren el camino hacia las calles estrechas y laberínticas. Todas ellas forman la medina de Marrakech. Sin lugar a duda estábamos en el gremio de la hostelería, pues a cada tres pasos había un cartel de hotel. Preguntado cada cual en los que encontraba a su lado de la calle hemos acabado en el hotel La Paix, por su precio y por lo bonito. Además, una señal preciosa nos ha guiado a la elección, ya que al abrir el recepcionista la puerta de la que sería nuestra habitación, un pajarillo ha salido volando por entre los barrotes de la ventana, por donde entraban frescos los primeros rayos del Sol. Soltar los bártulos, que por ser poco abultados no dejan de ser un incordio a la larga, y nos hemos ido a perder a la laberíntica medina. 
Como en todo laberinto la única dificultad no consiste en salir donde quieres, sino que en cada vuelta puede atacarte un "amigo" y hacerte que pierdas la cabeza si consigue arrastrarte a su zona. Y así nos pasó mientras pateábamos las callejuelas de la judería. Un señor muy amable nos invitó a tomar un té en su tienda, y terminamos sucumbiendo a su espasmosa insistencia, aceptando a regañadientes. 
Nos explicó el origen y la función de todos los productos que vendía en su herboristería (¡qué eran muy muchos!) y dejándonos olerlos, probarlos, mirarlos... Total, que nos vendió lo que en un principio no quisimos comprar. Pero bueno, nos contentamos en saber que esos productos no los podremos encontrar así como así cuando no estemos aquí. Comimos en una minitasca de ellos y corrimos hacia el hotel a dormir la siesta. Que aunque el viaje haya sido inesperadamente cómodo, el cuerpo notaba el cansancio. 







sábado, 12 de enero de 2013

2012-12-25

Aún resulta increíble que en estas tierras separadas por un estrecho tan estrecho la vida sea tan sumamente diferente. El tiempo parece ralentizarse, como ocurre en Asia o en el Caribe. Empiezo a entender que los raros en todo esto somos nosotros: los occidentales y sus prisas. 
Qué tranquilidad la de sentarse en una de las cafeterías o teterías, tomarse un whisky marroquí (té verde con menta y mucho azúcar) y ver pasar el tiempo de la gente que pasa el tiempo. El pueblo sabe pararse y simplemente estar; sin que haya necesidad de llenar los espacios de palabras. Eso sí, ¡también les gusta charlar! y no bajito. 
Y luego estás las relaciones de las gentes, que tanto cambian también. Y no me refiero solo a las sentimentales, sino a todas en general. Sin embargo, aunque me de cuenta de que son diferentes, tampoco sabría decir qué es lo que nos hace tan diferentes y al mismo tiempo tan iguales. O sí, el corazón. 
Después de haber echado todo el día en esta fabulosa ciudad, ahora que son las ocho y media en punto, esperamos en la estación de tren a la locomotora que nos llevará en segunda hasta Marrakech... hasta entonces tenemos dos horillas por delante que aprovecharemos para comernos los bocatas que nos hemos preparado con el delicioso pan de Marruecos, unos croissants artesanos de una pastelería callejera (si los gatos, reyes de estos suelos, nos dejan), jugar un poco al "hundir la flota" y tomarnos otro whisky de esos en la estación.


Assilah


Vistas de la habitación


Negocios


Gatos

jueves, 10 de enero de 2013

2012-12-24 SALAM UALEIKUM, MAROCO

Más hechos polvo nos hemos despertado hoy, ni cuatro horas más tarde. Nos hemos vestido, y sacando el menor ruido posible, hemos salido rumbo al cercanías de Atocha, donde cogeríamos el bus exprés que nos llevaría al aeropuerto. 
El vuelo ha sido tranquilo. El aterrizaje muy brusco, pero hemos aparcado el aparato sin rasguños, al menos a primera vista. Yo estaba entusiasmada, pero Gorka lo estaba aún más, cosa que me estimulaba y me contagiaba su felicidad. Un taxista nos ha llevado hasta donde otro taxi compartido, que directamente nos ha conducido a Assilah, a unos 40 kilómetros de Tanger recorriendo la costa hacia el sur. 
Nada más llegar hemos cambiado algo de dinero a dirhans y hemos buscado un lugar donde comer cuscús y tajin. Con la tripa llena, mochila al canto y pies en polvorosa hacia un lugar donde dormir barato. Cuando nos faltaban cuatro pasos para entrar en la medina Ouzmane se ha acercado a nosotros dispuesto a sacarse unos cuartos a cambio de llevarnos para aquí y para allá. 
Hemos entrado a varias casas y discutido el precio con sus dueños; la verdad es que Ouzmane nos ha venido de perlas. Con su palabrería nos ha ayudado a regatear en marroquí; y no nos dejaríamos engañar, pues ya sabíamos un par de precios de sitios fuera de la medina.
Al final nos hemos decidido por la casa del muyahidín, señor que llama a la oración en la mezquita de en frente, y que teje chilabas. Pagamos seis euros por persona. Algo más de lo que esperábamos pagar, pero la verdad es que el lugar lo vale, y estamos muy contentos con los negocios. Después Ouzmane nos ha invitado a tomar un té en casa de su tío. Y no ha parado hasta que hemos aceptado. 
La familia de este estaba reunida en la sala del fondo y comiendo boquerones con tomate o chili o algo rojo. Que por cierto tenía una pinta muy buena y su olor animaba al paladar. No obstante, y a pesar de la invitación del suegro del tío a que comiéramos, veníamos con la tripa bien llena y hemos rechazado amablemente. 
En seguida, hemos pasado a otro salón rectangular sin tele, y allí la mujer ha servido té. Delicioso té marroquí en aquel salón marroquí de muchos sofás y muchos cojines. El tío ha empezado a contarnos sobre su trabajo en Ketama... efectivamente, se dedica a cultivar marihuana y a producir hachís y kifi. No ha tardado en sacar una placa de olor y textura inmejorable, e invitarnos a probarlo. 
Hemos salido de allí tranquilos y sonrientes, y nos hemos apresurado a nuestra casita en la medina, donde la siesta no admitía más retraso.


Colores marroquíes.


Mezquita a las afueras de la medina.


Increíble luna y más increíble su estela, la de aquella noche en Assilah.
Venus de acompañante.


Esto es un té con menta. Whisky marroquí. 


Tasca típica de los hombres del lugar. 


Precioso e inmenso grafiti en la pared de una casa 
cerca de la escuela de la medina.


Muro, playa y nubes con sus colores.

miércoles, 9 de enero de 2013

2012-12-23

Por la mañana hemos vuelto a poner nuestra cacharrería de segunda mano en un mercadillo alternativo, que esta vez ha tenido lugar en Elorrio. El fin de semana pasado debutamos en Atxondo, pero la verdad, es que justo-justo sacamos para pagar la mesa.
Sin embargo, hoy todo ha empezado a pintar mejor antes de montar completamente el chiringo. Y de ahi en adelante la cosa ha ido mejorando exponencialmente a medida que avanzaba la mañana y entraba el mediodía. 
Hemos recogido nuestros bártulos antes que nadie y hemos salido pitando para prepararnos algo para comer: las últimas cuatro cosas que quedaban en la nevera, pues hemos ido acabando todo para no dejar nada perecedero dentro. Antes de ducharnos y prepararnos para salir, hemos mirado en nuestra cuenta de couch-surfing, por si alguien se había apiadado de nosotros y nos ofrecía techo para esa misma noche en Madrid. 
Mañana por la mañana volaremos hacia Tanger, y hasta este momento no teníamos donde pasar la noche. ¡Y sonó la campana! Emilio y Paloma nos invitan a su casa amablemente. ¡Ole! Si es que no hay miedo... a última hora acaban por desenredarse los nudos, y sobre todo, si se cree que se van a desenredar. Cada vez soy más consciente de que la mejor suerte es la que uno mismo busca y encuentra. Apuntamos su número de teléfono y corrimos hasta la parada de autobús. Una hora más tarde nos hemos apeado en Bilbao, donde nos esperaba Carmen. 
Con Carmen, abogada manchega con la ideas claras, contactamos hace ya más de una semana mediante otro servicio muy interesante para los viajeros llamado Blablacar; un portal de Internet donde la gente que viaja en su transporte privado comparte sus asientos libres. Se comparten gastos y se comparte tiempo. 
En algo más de cuatro horas nos dejaba en Atocha, en donde quedamos con los que serían nuestros anfitriones y Alberto. A este lo conocimos en Pushkar, India, y el reencuentro fue grandioso. Miradas cómplices y brillantes,  y sonrisas amplísimas nos acompañaron en todo momento. Decidimos ir a cenar a un hindú, para degustar sabores que durante los últimos casi dos años solo probamos de memoria. 
Ya en el restaurante, Ana se unió al grupo, a la que conocimos también en Pushkar. La que no apareció fue Paloma, ya que volvía desde Gredos y aún no había llegado. 
Hace mucho tiempo que no me reía tanto y con tantas ganas como lo hicimos durante la cena y el té de postre. Nos despedimos y caminamos junto a Emilio hasta su casa. Un tipo con una energía muy buena, que para nuestro asombro y goce, es golfista profesional. Nada más llegar a su casa, a eso de las dos y pico de la madrugada, extendió un minigolf (o alfombrilla alargada que simula césped que cuyo nombre no sé ni siquiera si existe), sacó algunas pelotitas y su colección increíble de palos, y empezó a darnos nuestra primera lección de golf: posición corporal, agarre del palo, y movimiento del palo. Y la verdad es que a ninguno de los dos se nos dio mal, sino todo lo contrario. Con los golpes de Gorka alucinó hasta nuestro profesor de golf. 
Una hora más tarde aproximadamente, llegaba Paloma a casa de su increíble y arriesgada aventura en Gredos. Montañera y escaladora experimentada. Otra gran persona a la que no pudimos conocer más a fondo. Excusa perfecta para volver a vernos. 
Nos acostamos todos echos polvo. 


¡Que me lo quitan de la manooo!


"On the road again..."

viernes, 21 de diciembre de 2012

2012-12-21

¿Cómo puedo juzgar a nadie, si no me juzgo a mí primero?
Se pasa la vida sintiéndome dueña de la verdad, pero casi todas las verdades que me rodean han sido tejidas por juicios: míos propios, o peor aún, de alguien que no conozco, probablemente llamado hoy sociedad, y cuyos pensamientos acato como propios.
¿Y dónde queda la voluntad? 
Debería trabajar la voluntad, aunque no creo que sirva de nada si no existe entusiasmo.
Observo que tanto el entusiasmo como la voluntad comienzan con el verbo "querer". La base del entusiasmo es el querer, y la voluntad, el movimiento que surge al proponerme fluir en ese entusiasmo. Si me sirve de guía, la voluntad barrerá los miedos y cada vez sabré mejor lo que quiero.
Pero, claro, todo esto no me sirve de nada si no empiezo a preguntarme qué quiero, qué deseo, qué sueño, y si no separo mis propias verdades de las ajenas. Solo yo sé qué me hace feliz, pues solo yo puedo sentir mi felicidad, así que si no me entusiasma mi propia felicidad no habrá voluntad de felicidad que ordene mi vida.
Solo si comprendo esto empezaré a desprenderme de los juicios, propios y ajenos. Y tengo la absoluta certeza de que en el fondo lo comprendo todo, solo que aún no llego a ver ese fondo porque está telarañado de borrosos juicios.
Y, sin embargo, me da igual, tampoco lo juzgo. Sé qué quiero, sin saber cómo lo quiero, y me tambaleo hacia ello. Todo está donde tiene que estar y así lo acepto.

jueves, 20 de diciembre de 2012

2012-12-20

Para ser el último día antes del fin del mundo, hace un día de cajones. Por si acaso, aprovecho este día para estar a gusto, y planificar lo que tengo que hacer para que todo fluya. En verdad, tampoco es que haga nada que no haga el resto de los días, al fin y al cabo, aunque no se vaya a acabar el mundo mañana, no sé cuándo acabaré yo... que aunque tenga la sensación de que aquí tengo que hacer algo más, no tengo ni idea de cómo me vendrá la muerte. Esa gran desconocida y que tanto asusta. Llega a ser casi un tabú en la calle. 
Pues yo ya lo le temo, o bueno, sí, pero no de la misma manera... soy consciente de que esto lo aseguro cuando estoy sentadita en el sofá, mientras el sol que entra por la puerta del balcón, que está abierta de par en par, calienta a Hulk que está esparcido en la alfombra y este casi se mimetiza en el entorno. También soy consciente de que si estuviera colgada boca abajo desde un precipicio rocoso, a manos de un loco que me sujeta únicamente desde el tobillo izquierdo, la cosa cambiaría... pero bueno, aquí y ahora, me presento tranquila ante la dama de la muerte. Al fin y al cabo, si Dios es la unidad de todas las cosas existentes, existidas y por existir, la muerte también entra dentro... si nacemos morimos... a veces me siento tan lúcida que no entiendo que temamos morir. Me imagino que antes de nacer estamos también hechos un ovillo de temor... porque no sabemos a dónde venimos. Siempre pasa igual, hasta el cambio más pequeño que se avecina a nuestras vidas, nos duele de alguna manera... estamos demasiado apegados a todo lo que nos rodea y sobre todo a todo lo que creemos ser. 
Sin ir más lejos, antes de salirnos lo del yoga, el establecernos en algún sitio me echaba para atrás... ¿por qué? porque simplemente no tenía ni idea de lo bien que me iba a ir. Algunas veces me pierdo como cuando estoy de viaje, y otras me encuentro, y cada vez que lo hago, respiro y soy feliz. 


martes, 4 de diciembre de 2012

Qué a gusto se está, cuando se está a gusto

Llevamos una vida la mar de sencilla y no podría estar más a gusto. Soy feliz. Me levanto a las nueve más o menos, casi sin despertador, pues mi reloj biológico se ha acostumbrado con facilidad. El día transcurre sosegadamente. A parte de las seis sesiones de yoga semanales, no tengo ninguna otra atadura, así que me resta mucho tiempo para dedicarlo a lo que quiera. Y resulta que lo que quiero es cada vez una cosa diferente! Pero no me importa. Creo que estoy aprendiendo a aceptar que soy una de esas personas que se interesan por los saberes o proyectos nuevos, que empiezan un montón de cosas y ¡ya les gustaría acabar con la mitad!
Y en eso transcurren mis horas. Aprendiendo nuevos nudos de macramé, inventando cutre-muebles, leyendo, dando tumbos en la huerta de mi aita para maravillarme cada vez de la increíble fertilidad de nuestra  ama-lurra, escribiendo, soñando, disfrutando de la cercanía de la familia... siempre al lado de Gorka, compañero de viaje en este venir.
Además últimamente hemos recibido muchas visitas, por lo cual nos hemos sentido la mar de agradecidos. Hacía mucho que no sentía eso de ser anfitriona y guía en mi casa. Durante largo tiempo he tenido la fortuna de ser huésped bien recibida por cientos de gentes diversas por aquí y por allá... Y ahora que mis maletas ya no marchan, son los que conocí durante ese largo tiempo, los que vienen a visitarnos a casa.
Podría pedir más, pero, simplemente, no quiero.

¡Gracias Vida!

miércoles, 14 de noviembre de 2012

2012-11-14 Un poco de luz sobre la menstruación

Hace algunas semanas estuvimos en Lakabe. Esta vez nos acercamos porque Rosa, la profe de yoga del lugar y una hermosísima persona, propuso un taller de "yoga y el ciclo menstrual femenino". Nos juntamos unas 25 mujeres, aproximadamente, para hablar de esa gran desconocida que es la regla. Jóvenes, menos jóvenes y no tan jóvenes compartimos nuestras intimidades para ir entendiendo mejor lo que nos pasa dentro, y por ende, fuera, durante el periodo y durante el resto de nuestro ciclo. Algunas ya iban bien cargadas de información sobre el tema, otras coincidieron en el taller casi por tropezón y sin haberse enterado muy bien de lo que allí iba a acontecer, pero todas descubrimos cosas sobre nosotras que no sabíamos y, sobre todo, nos acercamos al verdadero corazón de la mujer: el útero. 
El útero, como cualquier otro órgano, tiene vida propia y cumple sus funciones, pero además es la matriz de toda nuestra especie y simboliza la creación de la vida. ¿Pero qué sabemos sobre su funcionamiento? ¿Por qué aún hoy la menstruación sigue relacionándose con suciedad, dolor, incordio, cabreo y altibajos emocionales entre otras calificaciones negativas? 
Por ignorancia, por egos y/o por apegos. 
La mujer es cíclica, lo que significa que nace, crece, madura y muere cada mes (más o menos). Esto se puede entender observando la actividad de los óvulos, que así como lo hace la luna, nace desde cero cada mes -preovulación-, logra su momento culminante -ovulación-, empieza a prepararse para decrecer -premenstruación-, y desaparece -menstruación-. Resulta que dependiendo en qué etapa del ciclo nos encontremos, simplemente somos diferentes personas, con diferentes gustos, diferentes personalidades y diferentes preferencias. 
Es difícil aceptar que dentro de nosotras haya tanta gente diferente; es difícil darse cuenta, pero una vez  que empezamos a observarnos y a conocernos, todo el proceso comienza a normalizarse. Me gusta ese ejemplo que ilustra, cómo cuando se enciende una luz, las tensiones y/o los miedos, desaparecen:
En este ejemplo se compara el tomar consciencia con encender una luz. En una cueva totalmente cerrada donde no vemos nada porque todo está oscuro si nos movemos podemos caer, tropezar, quedarnos quietos por temor...., solo necesitamos encender una luz para saber de lo que se trata, para poder dar pasos a partir de ese espacio "de información consciente" que nos otorga la luz.
Pues bien, cuando una empieza a observar el proceso de su ciclo, enciende una luz, es decir, la luz de la consciencia; una se hace consciente de lo que le está pasando y empieza a actuar en la vida diaria teniendo en cuenta su nuevo conocimiento. Lo que le ayudará a pasar por él (el ciclo completo) con mayor acierto.
Si eres mujer te animo a que te conozcas mejor, a que observes cómo cambia tu estado dependiendo de la etapa en que te encuentras, a que te tomes unos minutos al día para anotar en qué día de tu ciclo te encuentras y cuál ha sido la emoción o sensación predominante de ese día. Se empieza a contar el primer día de menstruación, y de ahí en adelante se va sumando hasta que llegue la siguiente menstruación, que volverá a ser el día 1 del nuevo ciclo.
Si eres hombre te animo a que animes a las mujeres que te rodean a que lo hagan. Cuanto mejor estén ellas, mejor estarás tú también. Esto afecta a todo el mundo: unas lo "sufren" de primera mano, otros de segunda.

Todo este tema me interesa muy mucho y me entusiasmo al hablar de él. Por eso voy a dejarlo por hoy, aunque no dudo de que volveré con más información interesante para la salud y el bienestar de la mujer, y en consecuencia, para el hombre.

Tengo la certidumbre de que lo que me sirve a mí, le sirve a alguien más.






miércoles, 31 de octubre de 2012

2012-10-31 Seguir escribiendo

Otro espacio que empieza desde cero. De nuevo, infinitos caracteres por entrelazar y hojas en blanco por destapar.
El 28 de mayo de 2006 escribía mi primera entrada en "Kanada nere begietatik". Lo que duró algo más que año y medio. Nuevos territorios por descubrir, corazones que encontrar y una experiencia, que como todas, cambiaría mi vida por completo.
El 31 de enero de 2008, sin más motivo que el de ahora, es decir, por el puro placer de escribir, comenzaba otra bitácora, otro diario, otro blog. Y no me faltó qué decir, o cómo contarlo. Me alargué por un año. Y la verdad, es que no tuvo final. Se acabó sin que yo me percatara. Así como para terminar el blog anterior, sentí que aquella etapa se cerraba, cuando escribí la última entrada de "Nire munduko ilargian", no supe que aquellas palabras serían las últimas. Simplemente, lo fueron.
A esto siguieron casi dos años de sequía bloguera. Lo que tampoco fue una sequía premeditada, simplemente pasó y listo. Cierto, ese tiempo lo empleé para leer más, y leer de lo que realmente me importaba en aquel momento. Conocí el yoga, y me vi inmersa en un mundo de automejora, de evolución espiritual, empecé a ser consciente de quién no era, si bien es cierto que me perdía si intentaba saber quién era.
Supongo que este periodo de asimilación tuvo mucho que ver con que decidiera junto a Gorka embarcarme en un viaje, que por vez primera no tendría ni plan, ni meta, ni fin.
"Creer para ver" llegaría como síntoma de la decisión de viajar. El 7 de noviembre de 2010, volvía a liberar mis palabras en este espacio virtual, con la intención de compartir nuestro viaje con quien quisiera leerlo. El viaje se extendió casi por dos años, y el blog también. Esta vez, volví a sentir la necesidad de cerrar el blog, aunque para nada tenía intención de dejar de escribir.
Y hoy es el día en que abro este nuevo recoveco. Me vienen miles de ideas que quiero meter en él, pero lo voy a dejar aquí, por ahora. Esta entrada tan solo quiere ser un enlace a lo anteriormente escrito. Ya que toda la secuencia de frases que precede, no existiría si no hubiera escrito todo lo que he escrito en el pasado, y no solo sobre papel, sino también sobre la vida.